LOS RUIDOS Y EL DOMINIO PÚBLICO DEL AMBIENTE ACÚSTICO COMUNITARIO

Por Jose Alicea Pou, MS; JD

Con motivo del Día para la Concienciación sobre el Ruido en Puerto Rico – 26 de abril de 2017 y International Noise Awareness Day 22nd Anniversary (INAD 2017) Wednesday, April 26, 2017

¡Ruido!  Es esa corta palabra que significa tantas cosas distintas para tanta gente.  Para aquellos que la reconocen como sonidos no deseados y molestosos en su comunidad, hogar, lugar de trabajo o en el medio ambiente natural, la misma representa esa difícil situación cuando no se puede escapar de sus impactos al disfrute de nuestra propiedad, el medio ambiente comunitario, la calidad de vida, la salud y seguridad auditiva, entre otras.

Una de las razones para este común sentimiento de impotencia ante los ruidos no deseados se debe a la capacidad tan intrusiva que tienen el sonido, de con mucha facilidad y efectividad, poder propagarse a través de concreto, plástico, madera, vidrio o prácticamente cualquier otro medio que tenemos en nuestro hogar o lugar de trabajo para excluirnos de su presencia en nuestra capacidad auditiva y sus impactos.

El término “ruido” en Puerto Rico ha sido uno de difícil definición.  Su definición jurídica local más antigua está en la Ley 71 de 1940, según emendada y aún vigente, la cual es mejor conocida como la Ley de Delitos Contra la Paz Pública.  Esta define ruido como todo sonido fuerte, perturbante, intenso y frecuente que, a la luz de la totalidad de las circunstancias, resulte intolerable, afectando la tranquilidad y el pacífico vivir.  Bajo dicha Ley el termino ruido y su intensidad está asociado al concepto “orden público”, un estorbo, una molestia comunitaria y al desorden social.

Otra modalidad que posteriormente surge en la fiscalización de ruido ambiental y comunitario es la asociada al concepto de “contaminación por ruidos”, la cual se recoge en la Ley de Política Pública Ambiental, tanto en su versión original de 1970 como en la versión vigente del 2004. La misma ordena a la Junta de Calidad Ambiental de Puerto Rico a desarrollar la política pública para su manejo y control. El reglamento #8019 del 09-May-2011, mejor conocido como el Reglamento para el Control de la Contaminación por Ruidos, define ruido como: “es un sonido que excede las limitaciones (valores) establecidos en este Reglamento. El sonido podría o no resultar indeseable y afectar psicológicamente y/o fisiológicamente al ser humano”.

Entre los principales efectos del ruido en las personas están los distint0s grados de molestia que estos nos producen, la pérdida del sueño, riegos a la salud y seguridad auditiva (pérdida temporera o permanente de la audición), stress, dolores de cabeza, la pérdida del disfrute de hogar, entre otros.  Los ruidos altamente amplificados son una seria agresión a nuestros oídos, salud y calidad de vida.  De igual forma, son un serio obstáculo a la comunicación verbal, la detección y comprensión de sonidos importantes y la degradación del disfrute de áreas de esparcimiento, estudio, descanso e interacción social.

Ciertamente, hay sonidos a los que nos exponemos voluntariamente, como cuando vemos televisión o vamos a una actividad recreativa, los que pueden estar excesivamente amplificados y representan de igual forma un riesgo a nuestra salud auditiva.  Pero en el caso de los ruidos, predomina la imposición sonora o la agresión sonora sobre nosotros, sin poder en ocasiones tener opciones para detenerlo.

Ante el preocupante cuadro moderno de intrusión de ruidos en nuestra vidas y oídos, nos tenemos que preguntar si efectivamente estos ruidos constituyen un asalto sonoro a nuestro sistema auditivo y consecuentemente a nuestro estado de ánimo, salud mental y calidad de vida en general.  La agresividad con que muchos ruidos y sonidos excesivamente amplificados ponen en riesgo o perjudican nuestra audición, nos hace cuestionar sobre la responsabilidad que debe ser adjudicada a aquellos que no respetan la salud auditiva de otros y la calidad de los ambientes acústicos comunitarios libres de ruidos o sonidos no deseados.

El ambiente acústico comunitario es de dominio público; Ósea, nos pertenece a todos y no es de nadie en particular. Nadie puede o debe ejercer actos de control para dominar, transformar, modificar o evitar que el mismo se mantenga inalterado del estado que la comunidad en general reconoce como pacifico, tranquilo y apto para promover una excelente calidad de vida. En el caso del ruido comunitario, la persona que emite ruido al ambiente acústico asume la tenencia de dicho ambiente sonoro y privan a otros del derecho que le reconoce las leyes y reglamentos Federales  y Estatales  a un ambiente libre de ruido.

Así como el “aire”, según el Código Civil de Puerto Rico de 1930, es un ejemplo de cosa común sujeto a domino público, el ambiente acústico comunitario, es pues también esa propiedad, esa condición, esa característica auditiva, que implica que el mismo está destinado al uso público para evitar molestias auditivas y garantizar la calidad de vida de todos los residentes de un área o comunidad.

Pero lamentablemente, este “bien” puede ser fácilmente tomado y alterado por cualquiera que genere ruidos no deseados al ambiente acústico comunitario.   En el caso del ruido comunitario, la persona que emite ruido al ambiente acústico asume la tenencia de dicho ambiente sonoro y privan a otros del derecho que le reconoce las leyes y reglamentos Federales y Estatales a un ambiente libre de ruido. La amplificación excesiva de sonidos, como por ejemplo los emitidos por negocios ruidosos, al ambiente comunitario es ejemplo de un ejerció de posesión sonoro o ruidosa del mismo.  Problemática es fácilmente resuelta conteniendo dichas emisiones de sonido en el interior de la propiedad emisora (mecanismo de control estructurales) o bajando el volumen de amplificación (medidas administrativas y disciplina acústica).

Todo problema de ruido tiene solución, sea porque se desiste de la emisión de ruido, porque se modifica el emisor de ruido en su origen, porque se relocaliza el mismo más lejos de los perjudicados, porque se coloca un obstáculo sonoro entre la propiedad emisora y la propiedad receptora o porque se sustituye el aparato emisor de ruido por uno más silencio, entre otras alternativas.

Es cuestión de tomar acción!

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